Nuestra compañera y criminóloga feminista, Ana Clara Piechestein, señaló que es necesario el debate sobre la violación cometida por un grupo de varones en el barrio de Palermo y la falta de reacción de la sociedad. Además afirmó que son delitos que “suceden frecuentemente” pero que no se denuncian.

“Se levanta el manto de silencio que hay sobre estas conductas. Sucede frecuentemente pero los niveles de denuncia de este tipo de delitos son muy bajos, en las violaciones grupales hay un componente de impunidad y de anonimato”, explicó en dialogó con FM La Patriada, y contó que son los delitos que menos se judicializan.

“Los varones, por cómo fueron socializados y las características del esquema de poder de la sociedad patriarcal, tienen conductas que van sobre el consentimiento de las personas”, sostuvo Piechestein y remarcó la frase que erige el feminismo ante estos crímenes: “No son monstruos ni animales, son hijos sanos del patriarcado”.

Ana también apuntó a la cultura de la violación que pone el foco en las víctimas y las culpabiliza: “Hay una falta de reacción social en general frente a estos hechos, hay descreimiento a las víctimas, una acusación que parte de la cultura de la violación”.

En ese sentido, la abogada penalista afirmó que “la revictimización está en las instituciones, de parte de la policía y los poderes judiciales. En los pocos casos que llegan a ser denunciados operan estos estereotipos”, que son parte de los patrones culturales. Esto, señaló, impide a veces que la víctima acuda a la justicia.

Para la criminóloga, “es necesario discutir y ver por qué a nivel social suceden estos hechos pese a los avances que hubo en políticas públicas”.

Puntualmente sobre la posibilidad de perjuicio al haber circulado los rostros de los acusados de violar en grupo a una joven, Piechestein respondió que la justicia está actuando, se tienen que probar los hechos y agregó: “Dudo que haya una rueda de reconocimiento porque fueron apresados en ese momento pero el debate sobre el escrache y el castigo es importante”.

“Desde los feminismos organizados tuvimos que apelar a los escraches como una forma de castigo que luego fue resignificada y repensada”, destacó y a su vez postuló entablar la discusión acerca de qué respuestas se requieren ante estos hechos, si la respuesta penal es la única que se espera y si debe haber otras formas de reparación a la víctima.

Finalmente, expresó: “Ojalá más varones empiecen a repensar en sus espacios y con sus amigos sobre las masculinidades que derivan en estas conductas”.