¿Por qué Malvinas?

Han pasado 40 dolorosos años desde que nuestros combatientes volvieron a la patria continental dejando a 650 compañeros aguardando en el suelo (y en las aguas) de las islas; pero nuestro reclamo por la soberanía sobre las Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes lleva 189 años ininterrumpidos desde que esta fue truncada por la usurpación británica.

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Para los británicos es imposible separar a las Islas Malvinas de la percepción mítica del fin del mundo: el imaginario fantástico de leyendas de marinos y piratas, aventureros y exploradores al Estrecho de Magallanes, la caza de ballenas inmortalmente plasmada en Moby Dick y la idea de partir hacia lo desconocido. 

En esas leyendas las islas no tienen un nombre propio sino que podrían ser cualquiera de las posesiones británicas de ultramar, esas dependencias coloniales exóticas que flotaban en las márgenes del imperio y solo se volvieron tangibles en 1982 cuando debieron ir a combatir por ellas y sus habitantes.

Para  Argentina, por el contrario, no existe un nombre más propio que el de Malvinas. Su configuración mítica no está asociada a ese relato de aventuras que no se percibe como propio, sino a la épica de la emancipación de una nación joven que fue truncada mientras todavía no acaba de conformarse. La pérdida de lo legítimamente propio a manos del imperialismo británico, la naciente República contra la añeja Corona y su arrogancia, el orgullo herido de las gloriosas naciones del sur que habían derrotado al colonialismo español. 

La guerra, por supuesto, multiplicó la presencia de la causa en la sociedad y le asignó una deuda de sangre con los héroes que intentaron la reconquista. 

Por ende, la reivindicación por la soberanía de las islas Malvinas está muy presente en el ideario nacional argentino, y ha calado muy profundamente en la sociedad. Esta presencia destacada se asocia fuertemente con la guerra, pero sus raíces son mucho más hondas, el mito de la “perdida perla austral” o de la “hermana menor” raptada por el invasor inglés y que espera a ser rescatada estaba presente en la constitución de la identidad argentina desde mucho antes. 

No solo las Malvinas, sino la recuperación de las Malvinas se han configurado como una gesta nacional que concentra la revancha por todas las derrotas de la patria. Este mito está fuertemente ligado a la rivalidad histórica con el Reino Unido, que se constituyó en el antagonismo mater para los criollos desde las invasiones inglesas en adelante, y que se retroalimentó de la usurpación de la Malvinas.

Sin embargo, en Argentina también sabemos que la “Cuestión Malvinas” implica mucho más y no solo por la integralidad territorial perdida; sino en términos estratégicos y a causa de la importancia del Atlántico Sur en el marco del tablero mundial.

Durante décadas, el Reino Unido ha protegido las vías marítimas vitales en la zona, ya que este posicionamiento estratégico le permite el patrullaje, monitoreo y despliegue sobre las costas atlánticas de Sudamérica y África y los puntos de apoyo logístico necesarios para mantener su presencia en la Antártida¹, y las conexiones bi oceánicas tanto hacia el pacifico como hacia el océano indico. 

Esto no es casual, ya que los océanos se han convertido en el presente siglo en el teatro privilegiado de la competencia por el poder² y el Atlántico Sur podría convertirse en una zona de disputa en el futuro inmediato.

Durante 189 años hemos logrado mantener activa la disputa y sostener la vigencia del reclamo de soberanía argentino sobre las Islas logrando incluso el convencimiento y la obentción del apoyo de la comunidad internacional y los organismos multilaterales; y más allá de los vaivenes de política exterior de las diferentes administraciones el reclamo por la resolución de la Cuestión Malvinas es una política de estado. 

Sin embargo, no podemos dejar de destacar que todo ese esfuerzo nos demanda únicamente el sostenimiento del statu quo (es decir, impedir que la cuestión avance hacia algún tipo de forma que beneficie a nuestro adversario). Es por esto que la disputa por la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía de las Islas del Atlántico Sur implica no solo sostener la estrategia vinculada al derecho internacional como herramienta de reivindicación soberana,  sino también elaborar una política de despliegue sobre el Atlántico Sur que la refuerce y acompañe.   

Al afirmar nuestra vocación de soberanía sobre la querida perla austral, estamos insistiendo en la necesidad de  un posicionamiento estratégico frente al mundo.

¹Para ampliar sobre este tema se recomienda la lectura de Altieri, M. A. (2020). “Acerca de la importancia del Atlántico Sur y de Malvinas como enclave geopolítico”. En Magnani, E. y Barreto, M (Eds.), “Puntos axiales del sistema de defensa argentino. Los desafíos de pensar la defensa a partir del interés nacional” (pp. 35-64). Rosario, Argentina: UNR Editora. pp. 65-85.

²Para ampliar sobre este tema se recomienda la lectura de Altieri, M. A. (Diciembre de 2018). Nuevas Dinámicas del Poder Naval en el Siglo XXI: la competencia por el control en el espacio marítimo. (U. N. Instituto de Relaciones Internacionales, Ed.) Relaciones Internacionales, 2(55), 197- 211.

Mariana Altieri es Especialista en Geopolítica e investigadora de la Cuestión Malvinas. Profesora  en la UBA y en la UNDEF y Directora Ejecutiva de Fundación Meridiano de Estudios Internacionales y Política Exterior. marianaltieri@gmail.