José Pisitello, veterano de guerra de Malvinas e integrante del ENAC, nos comparte su testimonio acerca de su experiencia no solo durante el conflicto bélico sino a lo largo de la historia de organización y lucha para la visibilización de sus problemáticas, y de la importancia de sostener el reclamo de soberanía sobre las islas.

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Luego de participar como tripulante del portaaviones ARA 25 de Mayo, en la guerra de Malvinas, que duró 72 días, desde el 2 de abril al 14 de junio de 1982, a 40 años vienen a mi memoria una serie de acontecimientos que nos han marcado a lo largo de la historia.

En aquella época contábamos entre 18 y 20 años, con una instrucción básica, y un equipamiento escaso, fuimos convocados para participar de un conflicto armado contra una Nación con un ejército profesional, con equipamiento de última generación y mucha historia.

A pesar de ello, cada uno de nosotros, desde el lugar que le tocó, honró el juramento de proteger la patria hasta perder la vida. Tal es así que 649 bravos quedaron custodiando eternamente las frías aguas del Océano Atlántico SUR, y las turbas de nuestras queridas Islas Malvinas.

A pesar de todo, nuestros Pilotos, fueron admirados por los ingleses y elogiados por el mundo entero, debido a su valor y las arriesgadas maniobras que llevaron a cabo durante los enfrentamientos, a tal punto que son materia de estudio en escuelas de guerra de varios países, logrando hacerle mucho daño a la flota inglesa.

Los bravos soldados que defendieron desde tierra, las distintas posiciones, por las cuales pelearon ferozmente, demostrando un valor increíble.

La derrota en el frente de batalla fue una “crónica de una muerte anunciada”, teniendo en cuenta que muchos dejaron de combatir por falta de municiones y pertrechos indispensables.

Es por eso que todos y cada uno de los veteranos de guerra de Malvinas sentimos que esta etapa fue un cese al fuego, y le exigimos a la dirigencia política que la recuperación de Malvinas, por la vía diplomática, debe ser un objetivo común, sin distinciones.

No obstante, la derrota hizo mella en nosotros, pero fue mucho menos que el olvido que sufrimos al regreso. Para conseguir algún reconocimiento, tras el trabajo incansable y una gran lucha de muchos veteranos, se lograron algunas conquistas, después de varios años de invisibilidad.

A lo largo del tiempo vimos como muchos de los veteranos de guerra que lograron regresar, tomaban drásticas decisiones, como ser terminar con sus vidas, otros siguieron el camino del abandono, las enfermedades del cuerpo y del alma, la bebida, etc, y tuvieron que pasar muchas cosas hasta que comenzaron a asistirnos.

Gracias a mucho esfuerzo, se ve un cambio de mentalidad de la gente, comenzaron a reconocernos, y cada año, en la vigilia, que se lleva a cabo la noche del primero de abril, en distintos lugares del país, distribuidos en centros de veteranos de guerra, vemos cómo las personas se involucran en ella y nos acompañan en los actos conmemorativos.

Este año nos encuentra pisando los 60 años, y en los grupos de veteranos cada día que pasa tenemos que despedir compañeros que nos siguen dejando, para pasar a engrosar la lista de los guardianes eternos de nuestras islas.

A pesar de todo, los que tenemos la suerte de seguir, no somos ex combatientes, ya que seguimos batallando día a día para que se siga malvinizando en las escuelas, para que nuestros jóvenes puedan crear identidad y memoria.

Y como en cada encuentro, al grito de Viva la patria, nos despedimos.