Unidad, solidaridad y organización

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El Presidente de la Nación en numerosas oportunidades rescató esta experiencia del primer peronismo. Hay que construir consenso para asentar las políticas de Estado necesarias que legitimen un modelo de desarrollo estratégico que logre superar los problemas estructurales de la Argentina que hicieron que la economía se haya estancado entre 2012 y 2017 antes de afrontar la gran crisis de 2018 y 2019

Desde el comienzo de la modernidad los momentos de excepcionalidad generaron un enorme capital político dispuesto a ser utilizado para legitimar derechos a través de políticas de Estado.

La posguerra utilizó el capital político para legitimar el mundo bipolar y establecer la hegemonía en el escenario internacional de Estados Unidos y la URSS. Tampoco debemos olvidar que ese capital político se construyó a través de la revalorización del rol del Estado en el establecimiento de un sistema de prioridades que fueron: la reconstrucción de Europa, el reordenamiento inmediato de los términos de intercambio y competencia del mercado internacional y la valorización de la ciencia y la tecnología.

En Argentina dicho capital político se utilizó para establecer la llamada tercera posición que ubicó a Argentina en el mercado internacional como país “no alineado” dispuesto a sacar la mayor ventaja comparativa en términos de intercambio a través de una fuerte política de planificación con objetivos de desarrollo.

En 1944 se creó en la Argentina el primer organismo estatal rector a la planificación pública nacional, denominado Consejo Nacional de Pos guerra (CNPG), cuya misión principal era anticiparse a las consecuencias del fin de la Segunda Guerra. La dirección del CNPG fue encomendada al entonces Vicepresidente de la Nación, Juan Domingo Perón, quien realizó diagnósticos de la situación socioeconómica e intentó fijar objetivos de largo alcance frente a la finalización del conflicto bélico.

La intervención ya no sería una etapa pasajera, producto de la crisis internacional o la salida de la guerra, sino el eje de acción en pos de orientar la economía en un rumbo industrialista. En 1944 el CNPG elaboró estudios de obras e inversiones públicas en el marco de una política de industrialización masiva del país y en 1946, con la victoria electoral de Perón, el CNPG preparó una serie de proyectos que desembocaron en la nacionalización del Banco Central y la creación del Instituto Argentino de Promoción Industrial (IAPI).

Esa visión estratégica le permitió al Presidente Perón planificar el rol del estado con una perspectiva a futuro para legitimar derechos con unidad, solidaridad y organización en un contexto internacional fuertemente marcado por el intervencionismo estatal.

El contexto actual encuentra a la economía argentina en una encrucijada en la reestructuración de la deuda externa y la emergencia sanitaria en una economía sumamente deteriorada. La revalorización del diálogo como instancia del nuevo Acuerdo Social está estableciendo una cultura del encuentro entre los representantes empresariales, sindicales y sociales para generar instancias de articulación de demandas sociales tal y como hizo el primer peronismo que se basó en el consenso de posguerra para llevar adelante una agenda estratégica de desarrollo.

Aprovechar este momento para construir consenso va a ser clave para asentar las políticas de Estado necesarias que legitimen un modelo de desarrollo estratégico que logre superar los problemas estructurales de la Argentina que hicieron que la economía se haya estancado entre 2012 y 2017 antes de afrontar la gran crisis de 2018 y 2019. Encarar el desarrollo con planificación implica resolver nuestras limitaciones en infraestructura, mercado de capitales, inserción en las cadenas globales de valor, productividad y generación de conocimiento.

El Presidente de la Nación en numerosas oportunidades rescató esta experiencia del primer peronismo al hablar sobre la necesidad de recuperar un valor sagrado para el peronismo que es “la solidaridad” ya que la pandemia nos obliga a repensar los valores imperantes del neoliberalismo: el “individualismo” y la “meritocracia”. Cuando el Presidente dice que “acá nadie se salva solo”, está asentando una posición política que apunta a la revalorización del rol del Estado tal y como lo hizo el General Perón en 1971 en la editorial de su revista “Las Bases” cuando exponía ese triángulo estratégico que caracterizó al peronismo: la unidad que brindaba la fuerza necesaria en términos políticos, la solidaridad brindaría cohesión a esa unidad y la organización que es la que hace posible la conducción del proceso.

Henry Kissinger uno de los históricos filósofos y estrategas del neoliberalismo instó en su habitual columna en el Wall Street Journal, a defender los valores de la ilustración estableciendo prioridades que no hagan estallar el contrato social que es la base del poder del neoliberalismo. Kissinger también habla de solidaridad como condición para la confianza pública de los gobiernos eficientes que deben preservar el orden, la seguridad, el bienestar económico y la justicia.

Por tanto se puede decir que no alcanza solamente con dignificar los valores como la unidad, solidaridad y organización, condiciones sine qua non para salir de cualquier estado de excepción que amenaza la vida humana. Debemos tener en claro que si las estrategias son parecidas los objetivos y finalidades no lo son, y es en este punto donde se debe establecer una diferencia taxativa en las ideas de reconstrucción de un futuro colectivo.

(*)Agenda Argentina

(**)Ideas por el Desarrollo