Relatoría de la Comisión de Política internacional - Foro "Hablemos de transformaciones" 2020

Desafíos para la Política Exterior Argentina: reposicionarnos en un escenario internacional incierto.

La comisión de política internacional que se desarrolló durante el “Foro Agenda Argentina 2020”  estuvo coordinada por Pilar Unsain (Genera), Anahí Ciliberti (San juan) Lucas Villasenin (Instituto Democracia) y Federico Escribal (URBE), contando con la participación de más de 60 compañeros y compañeras. 

El debate verso alrededor de los ejes de trabajo que fueron definidos en el pre-encuentro del foro: (1) los desafíos del desarrollo Sostenible, (2) la disputa por la hegemonía entre China y EEUU, las oportunidades y desafíos que encarna para la región y para Argentina (3) la diversificación de alianzas, ya sea evaluando las potencialidades de la vinculación con el sudeste asiático y la relación con nuevos emergentes como India, así como (4) la necesidad de repensar la relación con la Unión Europea  y los socios tradicionales de ña Argentina. 

Por otro lado los desafíos regionales: (1) la relación bilateral con Brasil  y cómo impacta en las dinámicas del MERCOSUR, (2) la reconfiguración de la alianza regional e implicancias para la estabilidad en términos políticos y estratégicos en relación al escenario de atomización actual y la crisis democrática marcada por estallidos sociales y violencia institucional. 

La introducción de las temáticas de debate la realizaron los invitados especiales: Eduardo Zuain, Director del Instituto del Servicio Exterior de la Nación -ISEN- y Ex Vice Canciller; Matías Capeluto, Director Ejecutivo Casa Patria Grande "Presidente Néstor C. Kirchner"; Martin Schapiro, Asesor en Asuntos Internacionales - Ministerio de Desarrollo Productivo; Cecilia Mendoza, perteneciente a la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación; y Juan Manuel Karg Politólogo UBA. Magíster en Estudios Sociales Latinoamericanos y Analista internacional.

DESAFÍOS GLOBALES

El orden mundial globalizado está en disputa. La pandemia del coronavirus movilizó las estructuras de ese orden que ya venían en crisis. Suele repetirse que esta crisis no hizo más que profundizar las tendencias mundiales preexistentes; por ejemplo: cambio climático, automatización de la producción, crisis del multilateralismo, capitalismo de plataformas y competencia entre EEUU y China.

La crisis del multilateralismo y el endurecimiento de los procesos, de las discusiones y de la acción política de los organismos internacionales en los últimos años se evidenció aún más en la pandemia al mostrar el inmovilismo o la reacción tardía de muchas instituciones de cooperación internacional, con la excepción de la OMS (que además es blanco de múltiples críticas), incluida el reciente abandono de los EEUU de los países aportantes. Estos organismos no están exentos de ser campo de disputa de la competencia entre EE.UU y China, especialmente si se observa el crecimiento del peso de la diplomacia y representación China en la ONU.

En cuanto a la situación social, durante los meses previos a la pandemia ya había, a escala mundial, movilizaciones sociales de demandas a un Estado que, en la mayoría de los casos, había dejado de cumplir con el contrato del orden democrático liberal; todo lo cual no hizo sino aumentar encontrando represión y violencia institucional en los países más “desarrollados” del mundo. 

Desde la comisión se planteó la necesidad de convertir en virtudes los aprendizajes de la pandemia, diseñando estrategias de supervivencia. Para esto se coincidió en no enamorarse de los instrumentos perdidos, sino hacer foco en los dispositivos que se deben construir para esta etapa. En este sentido, creemos que la ciencia y la tecnología pueden traccionar alianzas renovadas.

DESAFÍOS REGIONALES

Partiendo de la premisa de que ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice, se abordó la situación regional con preocupación. Se identifica a un Brasil que, de forma símilar a los Estados Unidos, abandona el rol de liderazgo consensuado que Lula había logrado construir muy arduamente en el equilibrio de una región con un ethos anti hegemónico muy fuerte. Brasil le da la espalda a los procesos regionales como Estados Unidos le da la espalda a los procesos globales, se mira hacia dentro y deja un vacío de poder peligroso. En el marco mundial ese vacío de poder está siendo rápidamente ocupado por China, mientras qué en el marco regional el problema es que ningún Estado está en capacidad de ocupar ese lugar fácilmente. Desde esta perspectiva, la pérdida de liderazgo de Brasil en términos regionales y su poco interés por recuperarlo puede ser una oportunidad para Argentina, pero también trae aparejado un enorme problema de estabilidad en la región. 

En este marco Argentina se encuentra con dos desafíos clave el sostenimiento del Mercosur bloque regional y la relación bilateral con Brasil, que ha sido, históricamente, la columna vertebral de la integración sudamericana. Sin coordinar una estrategia con el vecino de más peso gravitacional en nuestro vecindario es muy difícil que Argentina pueda articular políticas regionales, especialmente en un contexto adverso tanto en términos regionales como mundiales. 

A la situación de cada país, que puede afectar las relaciones bilaterales, se suma la debilidad de las instancias de cooperación y resolución de conflictos, principalmente en períodos de divergencia ideológica. Sin embargo, los desafíos que motivan la integración subsisten: preservar el continente como zona de paz, eliminar la pobreza y reducir la desigualdad, subsanar los desequilibrios en el desarrollo territorial y la desconexión, fortalecer las instituciones y la defender los intereses comunes frente al resto del mundo

En la Comisión se ratificó la necesidad de profundizar la integración regional para cobrar trascendencia en la agenda geopolítica global, orientándose a una estrategia basada en el fortalecimiento de un perfil productivo que incluya pero exceda la agroexportación. En este marco, la comisión considero que es clave centrarse en la integración física. A la par, la dimensión cultural se reconoció como central, en tanto la agenda de la integración se percibe apropiada principal y casi exclusivamente por la militancia política, y no necesariamente por los pueblos. Este objetivo debe sostenerse más allá de las diferencias ideológicas y políticas que eventualmente podamos tener con los gobiernos que circunstancialmente se dan en los países hermanos.

Argentina viene recuperando su rol de liderazgo regional, perdido en los últimos años, con el fin de sostener la estabilidad y defender la democracia de cara a la construcción de autonomía basada en un modelo de desarrollo regional integrado. El siglo XXI tiene que ser el de la integración suramericana, y eso requiere audacia.